Parpadeé, sin creer lo que acababa de oír. Las palabras de Luca fueron como una bofetada en mi rostro. Lo miré, buscando un indicio de que bromeaba, pero su rostro era impasible, sus ojos fríos, sin rastro de humor.
—¿Qué quieres decir? —pregunté.
Luca sonrió levemente, pero esa sonrisa no llegó a sus ojos.
—No doy dinero por caridad. Esto no es una obra benéfica. Es una inversión, y toda inversión debe tener una garantía.
Solté su mano bruscamente. —¿Usas a mi padre para atarme a ti?
—Uso la s