KENDRA
La enorme casa abandonada a la que entramos, tiene el aspecto tétrico de una película de terror de los noventa. Mi corazón late con fuerza, no por lo que me pudiera llegar a pasar a mí, sino porque Evan está a mi lado, callado, mirando todo con ojos llenos de audacia. Trago grueso, los hombres de Kratos nos llevan a lo que parece un enorme salón.
—Hemos llegado —anuncia uno de los tipos a mis espaldas.
Tenso el cuerpo, a esta hora, Liam ya debe saber que me escapé con Evan, estoy segur