REGINA
Me congelo.
Las manos me empiezan a sudar, el alma se me cae a los pies y un escalofrío recorre mi espina dorsal, el aire se comprime en mis pulmones y el brillo malicioso en su mirada me sienta como patada en el estómago. Trago grueso, mis piernas tiemblan.
—Hace tanto que no nos vemos —dibuja una sonrisa asquerosa.
De pronto, todo el valor que creía haber recuperado en estos días, se esfuma, es cuestión de segundos para que siga siendo esa pequeña mujer convertida en ratón temeroso