La mansión estaba tan silenciosa que mis pasos resonaban sobre el mármol como disparos. Pero el leve aroma a café que subía desde abajo… eso era lo único que me impedía dar media vuelta y volver a meterme en la cama.
—Espero que este paseo termine con cafeína —dije, siguiéndolo—. Si no, podría empezar a gritar. Advertencia justa: grito muy fuerte.
Enzo me lanzó una mirada por encima del hombro, medio divertido.
—Relájate. La cocina es por aquí. Les dije que prepararan algo decente para ti.
—“De