Capítulo 81. Una bofetada.
El café estaba adornado con cuadros vibrantes y esculturas pequeñas que reflejaban el alma de la exposición.
El aroma a café recién molido y óleo fresco flotaba en el aire del pequeño local “La Taza Dorada”.
Stella ajustó el último cuadro en la pared, un lienzo abstracto de tonos rojos y dorados que capturaba la furia y la pasión de un verano en llamas. Rafael, de pie a su lado, observaba con una sonrisa de orgullo.
—Nunca debiste dejar de pintar —dijo él, pasando un dedo por el borde del marc