Capítulo 52. Límites rotos.
Guillermo se quedó viendo la fotografía sin siquiera poder parpadear. Sus manos temblaban ligeramente mientras sostenía el teléfono. En la imagen, el niño miraba a la cámara con una sonrisa inocente. Era imposible negar el parecido. Su mente se nubló por un instante, y sin darse cuenta, cayó sobre el banco del parque, abrumado por la revelación.
Andrea, que lo observaba con una sonrisa triunfal, aprovechó el momento para inclinarse hacia él.
—Este es Matías. Tiene un año con casi tres meses. Na