Capítulo 36. La advertencia.
Axel salió de la villa como un huracán, con los puños apretados y la rabia bullendo en su interior. El aire fresco de la tarde no lograba calmar el incendio en su pecho. Cada paso que daba resonaba con fuerza en el pavimento, como si con ello intentara aplastar las emociones que lo consumían.
“¿De dónde demonios salieron esas malditas fotografías?”, pensó, mientras se subía al auto y cerraba la puerta de un golpe.
Apretó el volante con fuerza, sus nudillos tornándose blancos.
La imagen de Alici