Capítulo 35. El precio del orgullo.
El silencio que siguió a la salida de Axel era denso, casi palpable. Alicia se dejó caer en el sofá, su cuerpo temblando ligeramente mientras las lágrimas finalmente corrían libres por sus mejillas, y ella no podía dejar de preguntarse si alguna vez había conocido realmente a Axel. ¿Había sido todo un espejismo, una construcción de su esperanza desesperada?
Stella se apresuró a sentarse a su lado, rodeándola con un brazo protector.
—Alicia, ¿qué pasó? —preguntó Stella con suavidad, su voz teñid