Capítulo 33. Sombras de dudas.
Miranda sostenía el teléfono con una sonrisa que reflejaba tanto triunfo como malicia.
—Axel, querido —pronunció con dulzura calculada, sus palabras claramente dirigidas a Alicia, más que al hombre al otro lado de la línea.
Alicia sintió un calor abrasador recorrer su cuerpo. Sus manos, que descansaban a los costados, se tensaron en puños, pero sus ojos permanecieron fijos en los de Miranda, fríos y desafiantes.
—Sí, estoy aquí en el centro comercial —continuó Miranda en un tono que rozaba lo t