Capítulo 29. Chispas inesperadas.
Las palabras de Stella golpearon a Axel como un puñetazo en el estómago. El ambiente en la oficina se tornó más pesado. Stella, de pie frente a él, estaba fuera de sí. Y Miranda esbozaba una mueca de disgusto reflejando su enojo, mientras sus manos temblaban por la rabia contenida.
—¡Cállate, Stella! —ordenó Axel, con voz cortante y firme.
Sus ojos fríos se clavaron en los de su hermana, proyectando una autoridad que no dejaba espacio a la discusión.
—Si no te comportas, haré que te saquen de