Capítulo 106. Un adiós entre mentiras.
Las calles estaban frías y solitarias.
Lola caminaba sin rumbo fijo, con los brazos cruzados sobre su pecho, como si intentara contener la tormenta que la sacudía por dentro. La ciudad, iluminada por las luces del amanecer, parecía ajena a su dolor. Cada paso que daba era un eco de la rabia, la humillación y el desconsuelo que la consumían.
No podía volver a la fundación, ni siquiera creía que podía permanecer en la ciudad. Debía irse de allí, no podía encontrarse con Mario de nuevo.
El aire co