Andy nació el 15 de mayo de 2000 en Puerto Rico y, apenas una semana después, fue abandonado en un orfanato. Mis padres solían vacacionar en la isla y siempre aprovechaban para realizar donaciones a centros infantiles. Por una increíble casualidad, el día que visitaban el orfanato San Miguel, el pequeño Andy de seis meses paseaba con su cuidadora. Al verlo, mi madre sintió una conexión instantánea y un profundo cariño; fue ese encuentro fortuito lo que los llevó a adoptarlo.
Cuando Anderson Mancini llegó a casa, yo tenía cuatro años y Diana apenas dos. Recuerdo quedarme observándolo mientras dormía plácidamente en los brazos de mi madre; resaltaban su hermosa tez canela y su cabello negro azabache. Aunque era evidente que físicamente no nos parecíamos, nada de eso importó; lo amé como a un hermano desde el primer instante.
Crecimos casi sin darnos cuenta. Para entonces, Andy tenía cuatro años, Diana seis y yo ocho. Él era un torbellino de travesuras; su escondite favorito era el