El vestido de seda roja se deslizaba como agua sobre la piel de Valeria mientras se miraba en el espejo de cuerpo entero. La prenda, diseñada exclusivamente para ella por orden de Aleksandr, abrazaba cada curva de su cuerpo con una precisión casi obscena. El escote en la espalda descendía peligrosamente hasta la base de su columna, mientras que el frente, más recatado pero igualmente sugerente, dejaba entrever el nacimiento de sus pechos.
—Pareces una diosa —murmuró Zoe, sentada en el borde de l