Mundo de ficçãoIniciar sessãoLa instalación de Viktor emergía de la tundra siberiana como una cicatriz en la tierra, toda acero oxidado y concreto agrietado, rodeada de alambre de púas y torres de vigilancia que parecían dientes de alguna criatura prehistórica.
Valeria observaba el complejo desde su posición elevada, escondida entre rocas cubiertas de nieve, con binoculares térmicos revelando los patrones de patrullaje de los guardias. Cuarenta mercenarios esperaban la señal, divididos en cuatro escuadrones, cada uno con órdenes precisas y rutas de infiltración cuidadosamente planificadas.
—Escuadrón Alfa en posición —susurró Aleksandr por el comunicador, su voz apenas audible sobre el viento helado que azotaba la estepa.
—Bravo confirmado —respondió Irina desde la base temporal que habían establecido a cinco kilómetros de distancia.
Valeria sinti&oa







