Mundo ficciónIniciar sesiónLa instalación de Viktor emergía de la tundra siberiana como una cicatriz en la tierra, toda acero oxidado y concreto agrietado, rodeada de alambre de púas y torres de vigilancia que parecían dientes de alguna criatura prehistórica.
Valeria observaba el complejo desde su posición elevada, escondida entre rocas cubiertas de nieve, con binoculares térmicos revelando los patrones de patrullaje de los guardias. Cuarenta mercenarios esperaban







