La mañana llegó con una luz gris que se filtraba a través de las cortinas del hospital, iluminando el rostro de Valeria mientras ella permanecía sentada junto a la incubadora de Sofía. Sus dedos trazaban círculos suaves sobre el vidrio transparente, como si con ese simple gesto pudiera transferir toda su fuerza a la pequeña criatura que respiraba del otro lado. La bebé había mejorado milagrosamente en los últimos días, sus signos vitales estabilizándose, su corazón frágil latiendo con un ritmo