La visión terminó de golpe y Valerius regresó a la realidad de la cueva. El impacto mental que le transmitió Leo hizo que se le revolviera el estómago, obligándolo a apoyarse con las dos manos en el suelo húmedo para no caerse. Aunque respiró el aire del lugar, que olía a sal, humo y azufre, seguía sintiendo una gran opresión en el pecho. Estaba sudando frío, y ese sudor se mezclaba con la sangre que todavía le salía de las costillas y del hombro herido. Le costaba mucho asimilar lo que acababa