Selene ignoró a Sia, pasó por su lado como si fuera un mueble atravesado en su camino o una mancha en la alfombra. Se pegó al pecho de Valerius, pasando sus manos por el uniforme de gala de él, buscando su atención con una seducción directa y sin filtros. Valerius, agotado emocionalmente por la noche de pasión violenta, el juicio y la manipulación de su hermano, no la apartó. Dejó que ella se colgara de su cuello, buscando en esa loba pura la estabilidad que Sia le arrebataba.
Sia observó la es