Se sentó en el suelo del pasillo, recostando la espalda contra la pared opuesta a la celda de Sia. La luz de la antorcha proyectaba su sombra imponente sobre los barrotes, envolviendo a la joven paria en una oscuridad protectora.
—¿Sabes qué es lo que más me asquea? —le preguntó Valerius, mirando hacia el techo invisible—. Que Caspian tiene razón en algo. El mundo nos mira y solo ve jerarquías. Ven a un Alfa y a una paria. No ven a dos personas tratando de no ser devoradas por la maquinaria que