—No, solo tomé un par de tragos. Estaba buscando a mi perro, se metió aquí... —dije, temblando mientras él se acercaba.
Damien me empujó suavemente contra el árbol. Su cercanía me hacía sentir un calor inesperado.
—¿Cuánto has bebido, gatita? —preguntó con una voz grave, con una intensidad que me hacía sentir vulnerable. Sus dedos acariciaron mi mejilla, su toque sorprendentemente suave.
—Dos o tres tragos, ¿quién lleva la cuenta? —respondí con desdén, intentando ocultar mi creciente nerviosi