9. Desnudo
El Alfa sangriento no estaba acostumbrado a perder el control.
No con sus enemigos.
No con su manada.
Y mucho menos consigo mismo.
Pero esa hembra… esa maldita hembra estaba logrando algo que nadie antes había conseguido, desordenar el pulso frío que llevaba en la sangre.
Eryx cerró con violencia el libro de informes que tenía sobre el escritorio. La madera crujió bajo la presión de sus dedos.
Desde hacía horas no podía concentrarse en nada más que en la imagen de ella con ese vestido sencillo