83. Él debe sentir algo por ella
Lana se sentó lentamente en la cama y apoyó una mano sobre su abdomen.
—¿Por qué me siento así? —susurró.
No había respuesta.
Solo un mareo suave, una punzada y un aroma que ella misma no lograba identificar. Era como si su piel se hubiera vuelto más dulce.
Pero Lana lo atribuyó al frío, al estrés, al miedo.
No le prestó demasiada atención, incluso a las náuseas y los vómitos que vinieron después.
Zoe caminaba por el pasillo con la bandeja de comida en las manos. Cada vez que el Alfa la en