76. ¡Mía!
—Eryx...
Sus ojos la estaban devorando en ese momento y de alguna manera eso dolía, porque si Eryx hubiera llegado unos minutos antes, hubiera captado el aroma sangre y ella no estaría siendo sostenida por sus fuertes brazos, sino siendo llevada de vuelta a la manada para ser juzgada.
—Calla —dictó él mirándola fijamente.
Ella cerró los ojos sintiéndose intimidada por su mirada.
—No me digas qué hacer —gruñó ella y escuchó una risa baja de él.
Lo que hizo que contuviera el aliento por un instan