44. Siempre vuelvo a ti
No sabía cómo se había movido tan rápido pero ahora estaba sentado al borde de la cama, inclinado hacia ella.
La habitación seguía oscura, solo iluminada por la luz tenue de una vela en la mesita.
Su rostro quedaba medio en sombras pero sus ojos brillaban con una intensidad que la dejó sin aliento.
No había sonrisa.
No había esa calidez caballerosa que solía mostrar.
Solo preocupación cruda, furia contenida y algo más... peligroso que hizo que el estómago de Zoe se contrajera.
—¿Los cachorr