30. Su olor mezclado con el suyo
Lana había regresado.
Pero no era la Lana que todos recordaban.
La Luna de la manada caminaba entre ellos como un fantasma con el rostro de alguien que alguna vez amaron, pero sus ojos estaban vacíos de reconocimiento, fríos, desprovistos de esa chispa salvaje y cálida que solía hacer temblar a cualquiera que se atreviera a sostenerle la mirada. No recordaba a nadie.
Ni a su manada.
Ni a su hogar.
Ni siquiera a él.
A su compañero.
El Alfa.
Zoe había tratado de acercarse a ella pero tampoco hu