31. Charco rojo
—Caius... —su voz salió rota apenas en un susurro pero él no la escuchó.
Caius tenía a Kevin contra el suelo, una de sus rodilla estaba clavada en su esternón y tenía el puño derecho alzado luciendo implacable.
El primer golpe ya había partido el labio inferior del lobo, pero Caius no se detuvo. Kevin intentó bloquear sus golpes pero cada movimiento era más lento que el anterior.
—¿Crees que puedes tocarla? —gruñó Caius entre dientes con la voz tan baja como furiosa—. ¿Crees que puedes besarla