25. No vuelvas a tocarme sin mi permiso
Eryx se había dejado caer en la silla frente al fuego en su habitación, jamás había pensado que esa cabaña sería compartida por alguien más, la había diseñado para estar en soledad, calmar sus demonios en silencio, apoyó los codos en las rodillas y la cabeza baja. El calor de las llamas iluminaba sus facciones tensas, la sombra de su rabia y el brillo oscuro de su deseo.
‘’Podría tomarla y acabar con esto. Una vez y listo. Arrancarla de mis entrañas, hacerla mía hasta que ya no signifique nada.