24. Solo hay una cama
Lana no supo si temblaba de frío o por lo que acababa de pasar pero su cuerpo vibraba como si un rayo la hubiera atravesado por dentro.
Eryx, en silencio se apartó de ella con una expresión tensa y el ceño fruncido. La observó de arriba abajo, su mirada rasgando su piel como fuego contenido, apretó la mandíbula, intentando contener la tormenta que aún hervía dentro de él. La rabia seguía palpitando en sus venas, mezclándose con un deseo que no había querido reconocer durante demasiado tiempo.