16. No soy una cachorra
Los aullidos de advertencia partieron el cielo como cuchillos.
El ataque fue repentino, brutal, una emboscada que ni el propio Eryx había olido venir. El fuego de los enemigos había alcanzado los muros de la manada y en segundos, todo era caos.
Lana estaba dando un paseo con Zoe cuando el estruendo del primer impacto la dejó paralizada. No era su primera vez presenciando violencia pero sí la primera vez en medio del infierno.
—¡Lana, corre! —gritó Zoe con los ojos llenos de pánico.
Pero antes