104. Contracciones
El viento estaba helado, Lana lo sintió abrirse paso por su abrigo barato, erizando su piel sensible y su vientre enorme.
"Respira...respira..."
No funcionaba.
Las contracciones ya no eran suaves ni intermitentes, ella sentía cuchillas despiadadas desde dentro, su cuerpo estaba indicándole que había llegado la hora y no pensara esperar ni un minuto más.
Ella pensaba estúpidamente que podría hacer la entrega de los pasteles antes de poder volver a casa y parir.
Para una loba era fácil hacerlo, so