La marcha continuó durante horas por un terreno irregular y ascendente, Lía ya no podía simplemente "filtrar" el dolor de Aiden, se había convertido en una marea constante.
Cada vez que el miedo o la rabia de Aiden se intensificaban, Lía sentía una oleada de frío paralizante que irradiaba desde la cicatriz, sentía la humillación de Aiden como una presión en el pecho, la pérdida de su manada como un vacío en el estómago, El Maestro había logrado un mecanismo perverso: el lazo roto se había conve