El eco metálico del impacto entre Seth y Tiber resonó en la vasta plataforma de obsidiana, un sonido demasiado físico para un lugar tan cargado de energía psíquica, el Escudo de Combate se había impuesto, no por mayor fuerza, sino por cálculo puro, Tiber yacía inmovilizado contra el borde del abismo, su respiración superficial y su rostro empapado en el sudor frío del fracaso.
Seth regresó a su posición de vanguardia, había cumplido su deber del Propósito; la venganza personal había sido sacrif