El Santuario Interior, ese vasto abismo de obsidiana en el que se encontraban Lía y sus Alfas, se disolvió, la Agonía Nivel Cinco de Aiden se transformó en un zumbido distante y constante, el ritmo cardíaco del tiempo que se desaceleraba, en ese paréntesis forzoso, justo antes de la confrontación con El Maestro, la conciencia de Ethan retrocedió, ya no era el Ancla agotado, sino el joven forastero, el Alfa Sin Marca que buscaba un lugar.
El aire era cálido, viciado por el humo de la fundición y