Bastián.-
Siento la sangre correr hirviendo por mi torrente sanguíneo si pudiera hasta podría echar humo a través de mi piel mientras me dirijo a la oficina de Elizabeth ¡¿Pero qué diablos le pasa a esta mujer?! Puedo entender que esté enojada conmigo, pero no voy a permitir que hiera a mi hermana eso sí que no. Su asistente al verme palidece, debo verme como una bestia furiosa y no refuta cuando paso casi atravesando su escritorio, cuando abro la puerta Joel y Elizabeth giran a verme.
— Joel