Bastián.-
Siento la sangre correr hirviendo por mi torrente sanguíneo si pudiera hasta podría echar humo a través de mi piel mientras me dirijo a la oficina de Elizabeth ¡¿Pero qué diablos le pasa a esta mujer?! Puedo entender que esté enojada conmigo, pero no voy a permitir que hiera a mi hermana eso sí que no. Su asistente al verme palidece, debo verme como una bestia furiosa y no refuta cuando paso casi atravesando su escritorio, cuando abro la puerta Joel y Elizabeth giran a verme.
— Joel vete y déjanos solos –Le ordeno y al ver mi expresión se levanta como resorte de la silla, pero Elizabeth lo detiene.
— Fui muy clara contigo Bastián no deseo hablar contigo ¿O a eso también me vas a obligar? –Tengo una contradicción verla así tan altiva y orgullosa me excita, pero no puedo ceder ante sus encantos.
— Joel tu cheque lo pago yo, así que te ordeno que te vayas.
— Mi diosa, él tiene razón y en discusiones de marido y mujer nadie se debe meter. Adiós.
— ¡Vuelve aquí cobarde! –Le grit