La puerta se cerró detrás de Sofía con un suave clic, el sonido resonando débilmente a través de la pequeña sala de estar. La luz de la tarde se filtraba por las cortinas, cálida y suave, pero no hacía nada para aliviar el peso que sentía en el pecho.
Ajustó las bolsas de la compra en sus brazos y caminó hacia la cocina, dejándolas con cuidado sobre la encimera. El plástico crujió mientras desempacaba arroz, tomates, cebollas, una barra de pan, un cartón de leche.
Quería hacer un guiso de pesca