Cap. 241: El último recuerdo.
CAP. 58
Al día siguiente, Armando llegó a la floristería puntual. Llevaba una camiseta oscura de algodón y unos pantalones de mezclilla azul marino, una imagen mucho más informal que la del genio elegante que Fabiola había conocido, pero sin perder ese aire de elegancia natural. Sin embargo, en cuanto cruzó la puerta, se topó con una Fabiola que apenas le sostuvo la mirada, concentrada en una cubeta de flores.
—Hola —dijo Armando—. Vine a pagar mi deuda con las flores. ¿Por dónde empezamos?
Fab