Cap. 229: Un amor inesperado.
Cap. 46
Fabiola entró corriendo a la casa de seguridad, cerrando la puerta con fuerza y apoyando la espalda contra la madera, jadeando. El lugar olía a humedad y a los medicamentos que el padre de ambas tomaba para mantenerse estable. Vera se puso de pie de un salto, con los nervios a flor de piel.
—Conseguí los móviles que pediste —dijo Fabiola, sacándolos de su mochila y poniéndolos sobre la mesa vieja—. Ya les puse internet con tarjetas prepago para que no nos rastreen.
Vera tomó uno de los