Cap. 235: Un amor inesperado.
CAP. 52
Vera se levantó y caminó hacia ella, rodeándola con un brazo.
—Claro que sí, tonta. No tienes ni que preguntarlo. Ven, vamos a acostarnos.
Las dos se instalaron en la cama de Vera, compartiendo el peso de las mantas pesadas. La oscuridad de la habitación era total, pero ninguna de las dos podía cerrar los ojos. El cansancio físico era extremo, pero la mente seguía despierta, procesando el vacío de la casa.
—¿Te acuerdas cuando papá nos llevó al río aquella vez? —preguntó Fabiola en un s