Cap. 122: Epílogo.
Manhattan despertaba abajo con su ruido habitual, pero allí arriba, en el apartamento de los Balmaceda, todo parecía moverse a otro ritmo, más lento, más íntimo, como si la ciudad hubiese aprendido a respetar lo que estaba ocurriendo entre esas paredes.
Amelia estaba recostada en el sofá, con el cuerpo ligeramente ladeado y una manta cubriéndole las piernas. Llevaba una mano apoyada sobre el vientre, aún plano para cualquiera que no supiera mirar, pero distinto para ella. Dos meses. Apenas un s