Cap. 102: Reconstrucción.

El amanecer era silencioso. Pero no era ese silencio frío de las oficinas de vidrio ni el silencio tenso de las salas de juntas. Era un silencio tibio, casi generoso, que parecía ofrecerle a cada persona el permiso de volver a empezar.

Lisandro abría los ojos cada mañana con una mezcla de extrañeza y claridad. Dormía sin sobresaltos. Sin correos. Sin teléfonos vibrando. Sin la sombra de su madre detrás de cada decisión.

Solo él. Él y el trabajo incómodo de enfrentarse a sí mismo.

La doctora Re
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