Nadine estaba sentada en el mullido sofá de la espaciosa sala, observando a Liam acurrucarse en los brazos de la señora Blake. El pequeño se había encariñado con su abuela al instante, como si la conociera de toda la vida. Apoyó la cabeza en su hombro, aferrándose con sus manitas al vestido como si no quisiera soltarlo jamás.
La señora Blake sonrió con ternura, acariciándole el cabello. «Eres un niño tan dulce, Liam».
Liam bostezó y se acurrucó más. «Hueles bien, abuela», murmuró adormilado.
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