¿Qué mierda hacías aquí? ¿Qué quieres de mí? Pensé que ya te había olvidado, que ya te había superado, y ahora acabo de darme cuenta que no fue así, que me estaba mintiendo a mí misma. Dios, cada vez que se acerca yo pierdo la cordura, me pierdo en esos ojos azules como el cielo en el atardecer, en su perfume, oh Dios, su perfume; Amo su olor, ese aroma a tierra mojada después de la lluvia, y ese enorme cuerpo que promete apoyo incondicional, esos largos brazos que juran calor y contención. Cua