Apenas salieron de mi apartamento fui a ducharme, y veinte minutos después llegó Rachel; abrí la puerta y ella, sin previo aviso, se abalanzó hacia mí, hacia mi boca. La tomé del culo y la levanté, apoyándola contra la pared sin ninguna clase de suavidad, estrechándola contra esta, mientras mantenía-mos una guerra de lenguas; ella me sacó la camisa a toda prisa, y yo su vestido a la misma velocidad, la besé bajando hasta sus pechos, metiéndome un pezón en la boca y con la otra mano acunándole e