—No sé. Una sonrisa, una mirada, un gracias; eso es lo que haría cualquier chica cuando le pagan el almuerzo —levanta un dedo—. Ya sé que no eres como cualquier otra chica; créeme, lo sé, lo vi, y ese día lo comprobé. Tu reacción, amén de divertirme, me encantó, y me dije que necesitaba más de eso; más de ti —se detiene solo para observarme con ojos de... ¿admiración? Me escruta con la mirada, y de alguna manera hace que me sienta vulnerable.
—¿Y entonces?
—Bueno, ese día tuve que irme por tra