MÁS TARDE.
El agua seguía resbalando por mis manos cuando escuché el ruido del teléfono vibrando sobre la mesita de noche.
Ignorarlo era una opción, pero sabía que no iba a dejar de sonar hasta que alguien me jodiera la paciencia.
—Ve a contestar —murmuró Aria contra mi cuello, con la voz aún adormilada.
No me moví. Mi brazo seguía rodeando su cintura, manteniéndola pegada a mí en la cama.
—No quiero.
Ella suspiró, entrecerrando los ojos antes de estirar la mano y agarrar el teléfono por mí.
—