NIKOLAI MALISHEV
Recuesto mi cabeza sobre el respaldo de la silla de mi oficina, con mis ojos cerrados pensando otra vez en ella. Solo hace dos horas que la dejé en su casa, moría de ganas de comerle la boca pero me ví obligado a contenerme. Cada que me contradice, me dan ganas de callarla a besos. Su rostro enojado y tímido, provocó que mi corazón diera vuelta, como si sus ojos preciosos acaban de bombardear mi corazón. Viéndose malditamente tierna.
—¿Acaso me estás escuchando? — grito histér