Si, ni la propia Sara sabía de dónde sacó tanta valentía de decir a este hombre que le gustaba, él al parecer solo quería oír esas palabras mágicas a su oído, se acercó y la atrajo a su pecho.
Sara se sintió como hoja seca, temblorosa y frágil, expuesta y a la vez rara. La presencia de este hombre eliminaba de ella todo ese muro invisible que tenía construido a su alrededor para no dejar que las personas se acercaran, aunque con respecto a Magnus, ese muro desaparecía.
—No sabes cuanto me gusta