Capítulo 13.- Muros de fuego.
El sol de la mañana entraba a través de las persianas iluminando con un resplandor tibio la habitación. Blair despertó con la sensación de que algo ardía en su interior. No era fiebre, no era dolor físico. Era el recuerdo vivo de lo ocurrido horas atrás.
El beso.
El calor de Curus aún estaba en sus labios, impregnado en su piel como una marca invisible. Por un instante, sonrió sin querer. Luego, al recordar lo que significaba, su gesto se borró.
—No, Blair. No puedes —murmuró para sí, sacudi