Leo soltó un profundo suspiro mientras dejaba que la sangre siguiera brotando de la mano con la que había apretado los fragmentos del vaso roto. Con absoluta calma, se puso de pie. Un reflector lo iluminó de inmediato. Nadie podía imaginar que estaba furioso ni que la sangre seguía goteando desde la palma de su mano.
—Ya que Damian no me presentó como es debido y, además, muchos periodistas se han estado preguntando quién soy desde que estábamos afuera, permítanme presentarme brevemente.
Leo hi