Mi primer día en el palacio de Leo consistió en pasar el tiempo jugando con Axel. El hermoso bebé estaba rodeado de numerosos sirvientes que lo cuidaban con extremo esmero, como si fuera una delicada pieza de porcelana que pudiera rayarse, caer o romperse en cualquier momento.
Sin embargo, Axel era un niño muy tranquilo y nada llorón. Siempre sonreía cuando alguien jugaba con él, y me parecía exagerado que hicieran falta diez personas para cuidar de un solo bebé.
—Creo que Axel se adapta muy bi