—Señora, ¿cómo ha llegado hasta aquí?
Aquella pregunta me sobresaltó por reflejo, y cerré la puerta de inmediato.
—Estoy buscando a mi esposo.
Yo era la señora de esta casa, pero incluso enfrentarme a los hombres de Leo seguía intimidándome.
—Le pediré al señor que regrese enseguida a su habitación.
Jean hizo aquella promesa. No era tan aterrador como había imaginado. De hecho, ya me había preparado para que me denunciara ante Leo y terminara recibiendo un castigo como el que sufrió la criada p